miércoles, 4 de marzo de 2015

LA FAMILIA

LA FAMILIA

No hay nada más eterno, no hay nada más sincero, no hay nada ,más real... La familia es lo único que, aunque las vidas sean cortas, perdura de manera infinita. Dentro de cada familia se pueden encontrar personas muy dispares; todos conocemos al chico bajito y regordete, el cual tiene un hermano alto y delgado. Pero esto es solo algo superficial, en el fondo, si nos adentramos en su fisiología genética, veríamos a dos similitudes, las cuales irán cogidas de la mano eternamente. Por este hecho, no debemos nunca olvidar, que un familiar, por muy diferente que sea de nosotros a simple vista, realmente compartimos algo más fuerte que el aspecto físico e incluso psicológico.
De este modo, un peón de la construcción el objetivo del cual en la vida es tan simple como que su equipo de fútbol gane la final de una vulgar torneo, no puede enemistarse con su primo, el universitario revolucionario que intenta hacer del mundo un lugar mejor. Incluso así, a pesar de que cada mente pensante sabe que todo lo dicho anteriormente es irrefutable, día tras días, vemos padres que pegan a sus hijos, hijos que pegan a sus padres. Parejas insatisfactoriamente casadas que deciden jugar a la ruleta rusa. Todo tipo de violaciones al amor familiar, lo cual no hace pensar: ¿Qué principios éticos y morales tienen las personas de hoy en día? ¿A dónde van a ir a parar los tan antiguos letargos? ¿Dónde queda ya esa pasión y esa lealtad las cuales llevaban a anteponer la familia ante todo? ¿Hay algo más poderoso que el amor infringido por una madre a sus hijos? En los tiempos que corren, esta última pregunta tiene una clara respuesta: Sí, la codicia y el egoísmo, ambos términos nacidos en la raza humana por el Dios padre, el dinero.
Abramos la mente, dejando entrar a la maravillosa fantasía viajando a través del tiempo y del espacio, de forma ficticia, al año 1200 aproximadamente, nada más y nada menos que a Troya. Toda una guerra, toda una movilización naval, todo un imperio destruido por defender el amor que un joven príncipe conjuró a una joven princesa a la cual, el legado troyano, acogió como de su propia familia, a pesar de ser del bando contrario, quien acabaría destruyéndolos. Ahora, en esta edad de involución, solo se realizaría algo similar por algún motivo político, por conquistar de forma innecesario un país ya conquistado, por un simple ajuste de cuentas o, básicamente, por hacer crecer el ego de algún rey, gobernante o adinerado ambicioso. El amor mueve, en base a impulsos, a las personas para que realicen acciones o tomen decisiones, pero, patéticamente en este presente, es el dinero el que abre las aguas y moviliza las montañas.
 Aún así, no hay que perder la esperanza, pues mientras exista gente que predique el amor intrafamiliar, siempre habrá un destello de humanidad en esta sociedad inhumana.



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