LA FAMILIA
No hay nada más eterno, no hay nada más sincero, no hay nada
,más real... La familia es lo único que, aunque las vidas sean cortas, perdura
de manera infinita. Dentro de cada familia se pueden encontrar personas muy
dispares; todos conocemos al chico bajito y regordete, el cual tiene un hermano
alto y delgado. Pero esto es solo algo superficial, en el fondo, si nos
adentramos en su fisiología genética, veríamos a dos similitudes, las cuales
irán cogidas de la mano eternamente. Por este hecho, no debemos nunca olvidar,
que un familiar, por muy diferente que sea de nosotros a simple vista,
realmente compartimos algo más fuerte que el aspecto físico e incluso
psicológico.
De este modo, un peón de la construcción el objetivo del
cual en la vida es tan simple como que su equipo de fútbol gane la final de una
vulgar torneo, no puede enemistarse con su primo, el universitario
revolucionario que intenta hacer del mundo un lugar mejor. Incluso así, a pesar
de que cada mente pensante sabe que todo lo dicho anteriormente es irrefutable,
día tras días, vemos padres que pegan a sus hijos, hijos que pegan a sus
padres. Parejas insatisfactoriamente casadas que deciden jugar a la ruleta
rusa. Todo tipo de violaciones al amor familiar, lo cual no hace pensar: ¿Qué
principios éticos y morales tienen las personas de hoy en día? ¿A dónde van a
ir a parar los tan antiguos letargos? ¿Dónde queda ya esa pasión y esa lealtad
las cuales llevaban a anteponer la familia ante todo? ¿Hay algo más poderoso
que el amor infringido por una madre a sus hijos? En los tiempos que corren,
esta última pregunta tiene una clara respuesta: Sí, la codicia y el egoísmo,
ambos términos nacidos en la raza humana por el Dios padre, el dinero.
Abramos la mente, dejando entrar a la maravillosa fantasía
viajando a través del tiempo y del espacio, de forma ficticia, al año 1200
aproximadamente, nada más y nada menos que a Troya. Toda una guerra, toda una
movilización naval, todo un imperio destruido por defender el amor que un joven
príncipe conjuró a una joven princesa a la cual, el legado troyano, acogió como
de su propia familia, a pesar de ser del bando contrario, quien acabaría
destruyéndolos. Ahora, en esta edad de involución, solo se realizaría algo
similar por algún motivo político, por conquistar de forma innecesario un país
ya conquistado, por un simple ajuste de cuentas o, básicamente, por hacer
crecer el ego de algún rey, gobernante o adinerado ambicioso. El amor mueve, en
base a impulsos, a las personas para que realicen acciones o tomen decisiones,
pero, patéticamente en este presente, es el dinero el que abre las aguas y
moviliza las montañas.
Aún así, no hay que
perder la esperanza, pues mientras exista gente que predique el amor
intrafamiliar, siempre habrá un destello de humanidad en esta sociedad
inhumana.
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